TESTIMONIOS

FRANCO P. (Soy un jugador compulsivo en recuperación)

RUDY W. (Argentino viviendo en Italia)

DANIELA M. (Tengo 22 años y me considero una jugadora compulsiva)

LEO R. (Jugador copmpulsivo en recuperación)

MARIA del PILAR M. (Ama de casa y abuela)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi nombre es Franco P, soy un jugador compulsivo en recuperación.

Empecé a jugar a los 25 años a las carreras de caballos. A los 2 o 3 años  ya no podía manejar  mi manera de apostar y como ya, ni esto me alcanzaba, a los cuatro años  me compré mi primer caballo, llegue a tener 7 caballos en training (corriendo). Ahí todo empeoro porque, no solo apostaba a mis caballos cada vez que corrían,  sino también a otros que seguía de antes.                 Hace 8 años cuando toque fondo y mi vida estaba destrozada comencé a concurrir a J.A. mi primer grupo fue “Nueva Vida” de Belgrano, al que aún hoy sigo concurriendo, por lo menos una vez  por semana. Tuve muchas recaídas, lo máximo que estaba sin jugar eran 100 días, ya que el hecho de ser desobediente con el programa,  teniendo incluso  mis propios  caballos y estando por eso en el mismo ambiente rodeado de gente que apostaba o tenía que ver con el tema (cuidador, entrenador, amigos, propietarios de otros caballos), hacia que mis recaídas fueran frecuentes. 
 En el grupo, los hermanos me sugerían que me deshiciera de ellos, pero para mí era muy difícil poder hacerlo; hasta que, vivir preso del juego, se me hizo intolerable, no aguantaba más las presiones y vivía evadiéndome de todo  y de todos, entonces  comencé a venderlos y los que no pude vender los regale, necesitaba salir de todo ese infierno. De esto ya hace un año y medio casi y ya hace 1 año y 3 meses que no juego ; a partir de ahí empecé una nueva vida hoy tengo algo muy importante que nunca tuve ¡libertad! Si puedo transmitir un mensaje a los hermanos es no dejar de concurrir nunca a los grupos, yo tarde casi 7 años en hacer el clic, pero hoy puedo! Solo por hoy no juego !!!              Franco P

 

 

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Rudy W. Argentino viviendo en Italia.

Nacimiento y resurrección

Me llamo Rudy y soy un jugador compulsivo.

Nacido en Argentina hijo de una de las tantas familias europeas que fueron a buscar fortuna. Mis viejos la fortuna la encontraron y cuando nací ya estábamos bien económicamente. A este bienestar y con la ayuda de las bases económicas de los viejos, sume mis esfuerzos y mis capacidades para llegar  a los 28 pirulos con todo lo que económicamente cualquier hombre sueña.

Una fabrica con 16 obreros, coches de gran cilindrada, vacaciones en avión, empleados domésticos, casas para cada ocasión, etc., etc.

Cuando era joven, detestaba la gente que jugaba con el azar, no lograba entender como se podía arriesgar  guita ganada con tanto sudor.

Guita segura, que ya estaba en el bolso, que podía ser invertida para ganar aun mas de manera segura! Pensaba: Que idiotas!! Cambiar algo concreto por un sueño! Estos están locos!

Empecé intencionalmente contando mi “vida económica” dejando mi vida familiar en segundo lugar. Porque es así que veía las cosas entonces.

Me case a los 21 pirulos y a los 24 era el felicísimo papa de tres diablitos que me llenaban de alegría, a pesar de que las cosas con la mamá no andaban muy bien .O sea que a los 28 pirulos ya tenia todo! No podía ser mas feliz! Que mas se podía pretender de la vida? Nada!!

Lamentablemente, había una insidia en el aire…..

Mas o menos cuando tenía 26, llevé a Mardel a un amigo que estaba pasando un mal momento de su vida, para pasar un fin de semana de pesca, para estar junto a él y hacerlo distraerse un poquito.

Cuando llegamos, llovía y no había esperanzas de que mejorara. En el cine no había nada que nos gustara, y otro tipo de “diversión” no nos interesaba, dado que estábamos los dos casados.

Por primera vez entramos en un casino y era el lugar ideal. Un lugar donde se puede ir hasta sin la “jermu”, sin hacerla preocuparse!

Con la consueta suerte de los principiantes, ganamos una cifra bastante interesante y rajamos enseguida. Cena en un restaurante 5 estrellas y de raje a casa a contar a las brujas las buenas nuevas!

Sin ni siquiera darme cuenta, en mi vida se estaba insinuando un elemento que no conocía…..

Lentamente, había empezado como aquellos “idiotas” a sustituir la sólida realidad con un mundo de sueños que a medida que pasaba el tiempo se hacían mas absurdos.

Empecé a apostar esporádicamente pero cada vez mas seguido y a medida que aumentaba la frecuencia entre apuestas, aumentaba la grandeza de los sueños. Cuantas cosa iba a hacer cuando finalmente iba dar “el gran golpe”!

Regalos para todos los amigos, iba a acomodarle los huesos a algunos parientes e iba a volverme aún mas rico, encima iba a hacer un montón de beneficencia!

Patéticamente, tiempo después, la gran ganancia, iba a servir para pagar todas las deudas que mientras tanto había acumulado, y de consecuencia los sueños se volvían cada vez mas grandes.

Hacia los 32, habiendo vendido todo lo que me había costado tanto sacrificio, estaba en manos de la desesperación absoluta.

Casino, mesas de póquer, loco loco, lotería, maquinitas y cualquier tipo de apuestas, se habían apoderado de mi. Parecía endemoniado.

Había perdido todo. Solo en aquel momento me di cuenta que había perdido lo mas precioso que la vida me había regalado. Los tres diablitos habían crecido sin darme cuenta cuándo, ni cómo! Estaban enojados porque papá no estaba nunca! Justo ellos que habían tenido la suerte de tener un papá siempre presente! Quien cornos era este demonio que se había llevado a papá?

 El problema era que ni papá lo sabía.

Esa gran ganancia que yo tanto deseaba, vino varias veces e inexorablemente me jugué todo de vuelta para soñar sueños aun más grandes. Hasta la vez que vendí el televisor y el videograbador de mis viejos sin que se den cuenta, gané tanta guita en el casino que podía pagar todas las deudas y hasta podía encanutar algún mango. Al día siguiente perdí todo y volví a casa a dedo.

Cuando llegó el momento de vender la casa donde vivíamos, algo se quebró en mi.

Pensé: No el techo de los chicos, no! Que diablos estoy haciendo?

A esta altura del partido, después de dos intentos de suicidio y encima con la desesperación de hasta haber cometido actos ilegales para poder seguir jugando, no había mucho para elegir: o morir, cosa que intenté, pero no me salió, o encontrar la manera de vivir una vida normal. Innumerables veces lo había intentado, sin lograrlo.

Llegué por primera vez a una reunión de J.A, en Buenos Aires hacia el ’89, muy desconfiado.

En realidad no sabía que estaba buscando, pero cuando me recibieron como a “uno de ellos”, sentí que me entendían. Me explicaron que el demonio que se había llevado a ese padre afectuoso se llama juego compulsivo y que se trata de una enfermedad progresiva reconocida por la Organización Mundial de la Salud, y que tenia que seguir las sugerencias que ellos me daban para controlar  ese demonio. Que no había posibilidades de vencerlo, lo tenía que controlar solo por veinticuatro horas, un día a la vez.

Tuve una gran sensación de alivio. Entonces yo no era un idiota, sino una persona enferma y encima con la posibilidad de tener bajo control esa maldita enfermedad que se había  adueñado hasta de mis entrañas! Encima no estaba solo! Yo era uno de ellos!

Confieso que no logré dejar de jugar enseguida como muchos de “nosotros”, pero despacio, despacito algo empezó a cambiar en mí.

Llegué a Italia en el ’90 después de separarme de mi mujer, con la idea de distraerme un poco y de decidir que hacer con mi vida. Desde entonces vivo aquí.

Después de dos meses de duro trabajo durante los cuales mandaba casi todo mi sueldo a mis diablitos ya vueltos muchachotes, empecé a sentirme frágil y miedoso de recaer. Con terror, me enteré que en Italia no existía Jugadores Anónimos y me apoyé en la hermandad de Alcohólicos Anónimos. También ahí fui recibido como uno de ellos.

Cada vez que volvía a Argentina, algo que hacía bastante seguido, volvía a mi grupo de J.A donde contaba cuan “huérfano” me sentía y los hermanos me dieron coraje y ayuda para abrir un grupo en Italia. Así que con la ayuda de A.A de Ostia (Roma) y con la literatura que me habían mandado de Argentina, paraba delante de una iglesia y dentro de un motor-home que tenía entonces, en Marzo del’94 nos reunimos tres personas por primera vez! Estaba re-feliz, pero esta felicidad duró poco porque después de 3 o 4 meses me quedé solo, dentro de mi motor-home durante semanas enteras.

Descorazonado y en mi soledad, después de poco tiempo dejé  también los grupos de A.A.

Aún así, logré  llevar adelante una abstinencia del juego por unos buenos 14 años donde tuve la alegría de recuperar a mis muchachos y sobretodo a mi mismo y hasta conquisté una cierta tranquilidad económica junto con mi compañera.

Aunque  físicamente había nacido la asociación Giocatori Anonimi  (Jugadores Anónimos) en el 2000, de cualquier manera caí en la trampa de mi ego y no me quería rendir ante la evidencia de que necesito de ella para sobrevivir a toda costa, aún no siendo “el Gran fundador” de Italia como hubiera querido.

El estar lejos del programa me costó una recaída de casi tres años, en los cuales lentamente el "demonio" volvía a apoderarse de mi. Volver a los altibajos de humor, a no encontrar más la serenidad de una vez….. El Rudy de una vez estaba volviendo. Pero esta vez yo sabía donde iba a ir a parar.

Lo que sufrí hace tantos años no se lo deseo ni siquiera a mi peor enemigo y por supuesto tampoco a mi mismo. Por lo tanto puse en práctica algo que me había sido enseñado hace tanto tiempo.

Usé  la humildad que me habían regalado y empecé a frecuentar Jugadores Anónimos como si fuera la primera vez, un día a la vez.

Otra vez son varias, las 24 horas que no juego.

 

Gracias J.A, te debo la vida! Y gracias por enseñarme a amarla!

Rudy W.

 

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Soy Daniela M, tengo 22 años y me considero una jugadora compulsiva.

 

Mi amistad con el juego comenzó hace  cuatro años cuando falleció mi papá y comencé a acercarme  más a mi mamá, ella ya estaba en carrera de juego.

Al principio no me sentía muy a gusto en la sala, pero no tardé mucho en encontrarle ese gustito dulce que  se siente al ganar. Primero me atrajo el bingo, pero poco a poco me enamoré de las máquinas. Primero apostaba poco, para luego hacerlo a lo grande. Ahí dentro es otro mundo, todo es perfecto, no hay horarios, en fin, lo feo venía al salir. Era una mezcla de sentimientos: dolor, rencor, culpa y autodestrucción.

Al principio creía que solo jugaba para ganar, pero poco a poco llegue al punto de no importarme que sucedía solo me gustaba jugar. Recuerdo en mis últimos tiempos de juego, cuando iba al toilette, en la puerta había un cartel que daba un teléfono, siempre decía para mis adentros, voy a llamar, pero nunca lo hice. Hasta que mi mamá hablando con un conocido se enteró de la existencia de J.A y él que ya estaba en el programa,  le dio la dirección  y horarios de reunión.

Yo había tocado fondo.

Un mediodía, mi mamá me dice: hoy vamos a ir a Jugadores Anónimos... y accedí.

Al llegar me recibió un hermano que me hizo las 20 preguntas y conteste 8 afirmativas, (hoy en día contesto a 16 afirmativamente).-

Me dolió y costó mucho darme cuenta y aceptar esto como una enfermedad de por vida.

Al salir de la reunión, negando la realidad, me dije a mi misma: no volveré al grupo (no aceptaba la  idea no jugar más ). Esa misma noche al llegar a mi casa después del grupo, me senté, leí el combo, lloré mucho y reflexioné que quizás si tenía problemas con el juego. Caí en la realidad, no solo me estaba haciendo mal a mí misma, sino también a los que me rodeaban, incluido mi novio, que no sabía de mi adicción, es que yo mentía muy bien.

El me dio mucha fuerza para seguir en el programa, me entendió y nunca me juzgó.

Gracias  a J.A hoy tengo proyectos, ganas de vivir (un día a la vez), sigo trabajando sobre mis defectos de carácter con honestidad y voluntad. Hoy  estoy feliz!!!      

Daniela M.

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Mi nombre es Leo R., y soy un Jugador Compulsivo en Recuperación.

 

 

Soy el mayor de tres hermanos, hijo de un papa alcohólico(reconocido por él mismo), y de una mamá que lamentablemente falleció muy joven.

De chico me gustaba mucho el fútbol y la natación, el colegio poco, a pesar que todas las opiniones eran: que yo estaba desperdiciando mi inteligencia(¿?), a los 15 años ya frecuentaba la casa de un amigo del barrio donde había escolazo casi todo el día: siete y medio, monte, dados, póker etc. Ahí, conocí a un señor mayor que jugaba al póker en clubes profesionales y comencé a seguirlo. Me sentaba detrás de él y miraba como jugaba, yo creía que era un maestro... y de ese ambiente no pude salir hasta los 45 años.

En el medio del tormento del juego, cambió mi vida. Es que yo era inconsciente o, al menos, hubiera preferido no hacer cosas tan vergonzantes, como estafar a un señor que me daba mercadería y que las cobranzas terminaran en el juego. Esto me envió a la cárcel de Devoto en plena dictadura, por 30 días. Aún así, no escarmenté. Mi cuñado me dio una mano y me llevó a Tucumán, donde pusimos un negocio que funcionaba más que bien, pero las apuestas y yo, nos encargamos de que fuera mal. ¿Se imaginan en Tucumán, en pleno verano, y yo vendiendo el aire acondicionado del negocio? había que pagarle al banquero…….., Seguí jugando, ahora, delinquiendo sin parar, hasta terminar nuevamente en Devoto. Fueron casi 20 meses. Allí juré por mi libertad, por mis hijos... Pero nada sirvió para dejar de jugar. Tuve tres intentos de suicidio, los dos primeros, fueron para que me tengan lastima y me sacaran las papas del fuego, ya el último, fue porque no tenía más ganas de vivir. Terminé en un psiquiátrico, ahí le pedí a mi esposa que me sacara, no podía aguantar más las rejas. Salí con la custodia ambulatoria de Susi( mi esposa), pero, así y todo, a la semana estaba jugando por teléfono y seguía con la droga.... Hoy, me puedo dar cuenta que la adicción tenia sobre mí, un poder absoluto. Progresivamente fue desarrollando dentro mío, una gran omnipotencia (creía que “yo” solo, podía salir del tormento), una gran obsesión(buscaba resultados diferentes, haciendo las mismas cosas), y un gran autoengaño y negación(yo era un buen tipo y no tenia problemas).

Mi familia está compuesta por mi esposa y dos hijos varones, intenté toda la vida ser un buen padre y esposo, pero fue sólo eso: un intento. Es que estaba a punto de perderlos y, no importa el esfuerzo que pusiera, no podía parar de jugar. Fue entonces que mi Poder Superior, por intermedio de mi hermano menor, me propuso ir a Jugadores Anónimos y ya abatido, acepté.

El 25 de Agosto de 1993 fue mi primera reunión en Jugadores Anónimos y fue ahí que me enteré, que esto que a mí me había estado atormentando tantos años, es una enfermedad, que no se cura, pero sí se puede detener. A partir de ese momento,  mi vida cambio totalmente, dio un giro de 180 grados. Gracias al programa de Jugadores Anónimos y sus herramientas: Las Reuniones, El Servicio, Las Sugerencias en base a las experiencias personales (sin consejos), que permiten ver qué conductas hacen bien o mal, a otras personas que tienen el mismo problema que yo; es que ahora tengo la oportunidad de tener una vida digna y respetable, para conmigo mismo y con los demás.

Hoy, mi familia se agrandó, ya tengo dos nietas, un nieto y otra en camino. Disfruto mucho de mis seres queridos, aunque todavía tengo la asignatura pendiente de ser más compañero con Susi (mi esposa).

Mi ámbito laboral también dio un giro de 180 grados (yo siempre fui emprendedor y destructor a la vez). Hoy tengo una actividad laboral que comparto con mi flia., donde me siento respetado por colegas y proveedores.

Todos estos cambios positivos no podría sostenerlos solo, es algo que Jugadores Anónimos  me demuestra, día a día, con las experiencias de los hermanos.

Solo por hoy, no juego hace 16 años.

Solo por hoy, Jugadores Anónimos es lo más importante en mi vida.

Sin Jugadores Anónimos, es muy difícil saber qué pasaría conmigo.

Fuerza y adelante!!!; y Felices 24 Hs.!!!

                                                                                   Leo R.

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Soy María del Pilar M, ama de casa, abuela y jugadora compulsiva en recuperación

 

Mi historia : Cuando era niña pasé por una infancia muy feliz; pero a los 16 años mi vida dio un vuelco muy grande, pues mi madre se suicidó y quedamos mi padre y mis dos hermanos de 10 y 5 años. Yo era una adolescente que no sabía hacer nada y tuve que hacerme cargo de mis hermanos, es que mi padre salía a trabajar.- Esto cambio mi vida ya que no pude hacer lo que las demás chicas hacían a esa edad: salir, hacer reuniones, etc.

Así transcurrió mi vida, hasta que me casé con un muchacho al que conocía desde los 12 años. Fue el amor para toda la vida, tuvimos dos hijas y pasamos buenas y malas, pero siempre juntos. Hasta que hace 10 años el falleció y también mi hermano, mi hija mas chica se casó y al poco tiempo falleció también mi suegro, que vivía con nosotros. El dolor de esas pérdidas fue tan grande que empecé a ir a una sala de juego;  primero en forma social, y luego en forma compulsiva. Allí empezaron las mentiras, los créditos y luego los créditos para pagar créditos. Un día no pude mas y le pedí a mi Ser Superior (que es Dios) que me ayude y a mis hijas. Fue así que llegué a JUGADORES ANONIMOS, aunque yo ya sabía que esto es una enfermedad emocional. Aquí estoy hace 2 años 11 meses y algunos días y le agradezco a mi Ser Superior el haber llegado a J.A.

Gracias al programa, a ser obediente y asidua concurrente, se que “solo por hoy” pude detener la enfermedad. Hoy duermo bien, disfruto de mi familia, tengo serenidad, honestidad y estoy trabajando mis defectos de carácter gracias a este programa. Si uno quiere y reconoce que el juego lo derrotó, se puede.

Aquí, en Jugadores Anónimos, descubrí que jugaba para escaparme de la soledad, hoy puedo estar en mi casa y no tengo ninguna necesidad de ir a una sala de juego y todo gracias al programa, a mis hermanos de JA y a mí que concurro a las reuniones, doy terapia, tomo las sugerencias y practico el programa.

Esta hermandad me salvó de caer en algo sin salida, me salvó la vida!!!

María del Pilar M.

Grupo “Vivir” de Lomas de Zamora. 

 

 

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